Jueves 21 de Junio del 2018

Cultura

“El genocidio en Avelleneda fue más fuerte por la calidad organizativa del movimiento obrero”

23 | marzo | 2018

 

golpe

Se cumplen 42 años de lo que fue la toma del Estado por parte de la Junta Militar, en alianza con representantes de la oligarquía nacional y el claro apoyo del gobierno de Estados Unidos. Un golpe que tuvo como principal objetivo sentar las bases de un nuevo modelo productivo y económico vinculado a políticas neoliberales que trajeron desocupación, hambre, exclusión; basándose en la detención clandestina, la tortura y el asesinato de quienes militaban por un país más justo y equitativo. 40 años después, 30 mil personas siguen desaparecidas.

La Ciudad de Avellaneda, por su cercanía al cordón industrial, estaba en el centro de las miradas. En esta producción especial a 42 años del golpe de estado, La Tecno presenta una entrevista a fondo con el historiador Enrique Arrosagaray sobre el impacto de la dictadura en la ciudad:

 

¿Qué características tenía la ciudad de Avellaneda y sus ciudadanos hacia mediado de la década del ´70?

– Avellaneda, como el resto del conurbano fue una zona con una presencia de la industria muy grande, y por extensión, una presencia obrera muy fuerte, una cantidad de mano de obra muy grande. Ahora se suele decir que el conurbano es algo así como una ciudad dormitorio de personas que trabajan en Capital. Desde el ´70 para atrás era al revés: a Avellaneda entraba mucha más gente que la que vivía. Frigoríficos, metalúrgicas, textiles. Y donde hay mucho obrero, hay mucha política. Porque en realidad la política es más de los laburantes que de los intelectuales. En la lucha por el salario, por sus condiciones de trabajo, cuando van a fondo, golpean directamente al sistema: a veces los intelectuales nos vamos un poco por las ramas y los por qué, y el trabajador tiene la vida entera delante de los ojos. Produce todo lo que necesita un país y, sin embargo, han sido siempre la última hojita de la parva, con tal que tengan para subsistir hasta el mes siguiente. Avellaneda tenía una gran cantidad de mano de obra: todas las mañanas, todos los días de todos los meses, de todos los años. Por lo cual había también una gran experiencia política y, al mismo tiempo, mucho respeto hacia la ésta ciudad.

 

¿Cómo se vivía cotidianamente la dictadura? Sobretodo teniendo en cuenta que es una ciudad muy próxima a la Capital Federal.

– Avellaneda es una ciudad muy antigua, aunque no siempre se haya llamado así. Al construirse el primer puente sobre el riachuelo, que la conecto con lo que ahora se conoce como Capital Federal, hizo a toda esta zona más tentadora para quienes generaban cosas para la ciudad. Por una cuestión de costos, practicidad las empresas querían estar cerca del puente. Y esa gran educación y práctica política que había en el sur del riachuelo hizo que siempre ésta ciudad tuviera un rol muy importante. Por ejemplo, la SIAM -Molinedo 1600- en Avellaneda pero al límite con Lanus, esa empresa metalúrgica con miles de laburantes, se había transformado en algo así como un faro del movimiento obrero de la zona. Digo, había un gran movimiento en todo Avellaneda, pero había además lugares claves en cada zona.

 

¿Cómo impactó el Golpe de Estado? 

– La impacta gravemente. Primero porque más allá de la prepotencia de una dictadura venía un plan económico bien distinto al que se venía desarrollando desde antes. No porque el de antes fuera maravilloso, pero la dictadura vino a implantar otro plan que generó muchos despidos y un freno muy importante a los salarios. Miles de familias en semanas se quedaron sin fuente de trabajo: ese fue un impacto muy impresionante. Además las patronales empezaron a sentirse más dueños de la pelota, más dueños de sus fábricas. Había habido, desde finales de los ´60 un proceso de recuperación sindical muy importante. Delegados por sección, cuerpos de delegados en las fábricas, comisiones internas trabajando en serio, algunas compradas por las patronales para quebrar la unidad de los trabajadores pero otras que no se dejaron comprar, y que trabajaron por los objetivos de los laburantes. Entonces había cuerpos de delegados que disputaban algunos asuntos del poder cotidiano de la fábrica a sus patronales. A fines de los ´60 la fábrica Molinos no tenía ni baños, el movimiento obrero tenía mucho para reclamar, y en muchas fábricas consiguieron mucho. El movimiento obrero se consolidaba cada vez más en sus derechos, y a las patronales eso no les gustaba. El Golpe ayudó a que las patronales se sientan más fuertes y si tenían que echar, echaban; y porque no a veces levantar el teléfono y pedirle al comisario de la zona a alguien de las fuerzas armadas que lo resuelva.
Lo que se conoce como la responsabilidad civil de la dictadura.

– Exactamente. Y que existió, que no es una metáfora ni un slogan. Existió en concreto. En muchas empresas los grupos operativos del Ejercito, a veces con uniformes y a veces sin uniforme, se instalaban en los alrededores o adentro de las fábricas, fichaban uno, dos o más trabajadores, los cargaban en un camión y listo. Esa connivencia dictadura-patronales existió también en Avellaneda, aunque está costando mucho reconstruir esas verdades; porque los archivos no se muestran, porque no hay Juez que los exija y a veces cuando uno se mete con mucha paciencia y consigue algunas cosas, nunca sabes si es verdad o mentira. Lo cierto es que han pasado 40 años y recién sabemos sólo un poco de lo que pasó en aquella época. Los miles de ciudadanos argentinos con uniforme que ejercieron la represión en concreto, sólo hay un puñado apresado o en proceso. La mayoría sigue dando vueltas, o se van muriendo tranquilos en sus casas. En avellaneda la represión actuó como en todo el país, con un poco más de fuerza tal vez porque había un movimiento obrero muy grande y de gran calidad organizativa. Lo que vino que destruir la dictadura fue el alto grado de organización política y social que tenía el movimiento obrero, en el campo, en las villas miserias, en las universidades, en los colegios secundarios, en los barrios. Digo esto porque muchos dicen que la dictadura vino sólo a destruir a Montoneros y al Ejercito Revolucionario del Pueblo. También vino a eso, pero lo que su moral no podía permitir es que el pueblo se vaya organizando en forma independiente y dispute parcelas de poder con los poderosos de siempre.

 

¿Cuáles fueron las principales víctimas del genocidio militar en Avellaneda?

– Azucena Villaflor es la vecina de Avellaneda más emblemática porque buscando la verdad de los daños que la dictadura hizo, la propia dictadura terminó con su vida. Por supuesto que hay muchas otras personas. Yo tengo casi 300 personas contabilizadas de secuestro en nuestra ciudad. El 95% no son de renombre: laburantes, estudiantes, docentes, etcétera. Oscar Smith, vivía en Villa Domínico era el Secretario General del Sindicato Luz y Fuerza Capital Federal: a él lo secuestraron en febrero del 77 en Avenida Debenedetti, cuando una mañana salía para su casa. Supe por alguien que lo vio en un Centro Clandestino, que lo tuvieron detenido en el sótano de una fábrica en Bernal y que lo habían torturado bárbaramente para después matarlo ahí mismo. Han secuestrado a muchos trabajadores que trabajaban en Molinos Río de La Plata. José Schiller, estudiante de ésta facultad y laburante de la fábrica Ferrum, de él se supo que también fue víctima de los vuelos de la muerte. Su cuerpo apareció en la zona de Colonia, Uruguay, donde estuvo enterrado un montón de años. Recién hace un año los antropologos lograron identificarlo. Estos son algunos de los casos, hay muchas más, por supuesto.

 

¿En qué medida se avanzó en la investigación y procesamiento de los responsables del genocidio en Avellaneda?

– Se avanzó mucho y poco. Mucho porque hay muchos nombres, muchos presos, etcétera. Pero hay pactos de sangre que no se han roto entre ellos. La enorme mayoría de los apresados no han dado nunca información de cómo operaban, qué hacían. Toda la información que ha aparecido es de abajo para arriba y no de arriba para abajo. Información que ha surgido de ex detenidos desaparecidos, de ex presos políticos o de ciudadanos que han aportado lo que sabían. Nunca porque el ejercito abrió sus archivos, o mostró qué hicieron. Ni la Marina, ni la Aeronáutica, ni Perfectura, ni la Gendarmería, ni la Policía. Ese pacto de no hablar sobre ese tema lo han mantenido hasta hoy. Han pedido perdón, pero sin aportar ni un solo dato. Pero bueno, no se puede pedir que los asesinos se declaren asesinos.

 

40 años después, más de 600 militares están condenados, pero apenas 300 cumplen la pena en cárceles comunes. La mayoría sigue en libertad. Y aún no se ha avanzado en el esclarecimiento de las responsabilidades civiles.

 

Escucha la entrevista completa: