Lunes 22 de Julio del 2024

Deportes

¿Dónde sueña Miguelito?

24 | marzo | 2016

Miguel Sánchez 1

Por: Patricio Barrio

“Sueño de un campeón”. Letras azules sobre fondo blanco. Sobre la página amarillenta, el primer título de un cuaderno que se negaba a borrarse. Tenía muchas hojas cargadas de palabras, desde lejos eran como hormigas en un escalón de mármol, que hablaban sobre atletismo, libertades sociales y poemas.

El dueño de esos garabatos era Miguel Sánchez. Nació en Bella Vista, provincia de Tucumán, el 6 de noviembre de 1952. En ese mismo mes, que atravesaba la primavera, se inauguró en México el Estadio Olímpico Universitario. Templo para los atletas, con una capacidad para contener a 68,954 personas, fue sede de los Juegos Olímpicos de 1968.

Quizás el destino atravesó el nacimiento de ese tucumano, décimo hijo de una familia humilde que era sostenida por un padre azucarero, porque Miguel era fanático del atletismo. Su pasión empezó, fue vista por al mundo, cuando se mudó a Buenos Aires.

Para buscar un futuro mejor, y debido a la crisis azucarera que afectó al norte, Miguel emigró con su familia a Berazategui sin perder su relación íntima con el deporte. Jugó en las inferiores de Gimnasia y Esgrima La Plata, hasta que en 1974 tuvo que abandonar su carrera por un puesto de trabajo conseguido en el Banco Provincia. Primero había que asegurar el pasar económico.

Apartó el fútbol, con un dejo de tristeza, pero nunca dejó esa actividad que simbolizaba el motor de su vida: correr. Le daba la misma importancia que a su faceta de bancario. La imagen de Miguel, a penas pasados sus 20 años, no puede generar confusión. La frente despejada y los rulos negros, pegados a la cabeza, con más volumen en la nuca. Los codos que rozaban las costillas, mientras levitaba, al balancear los brazos hacia delante. La contextura física fibrosa, característica de los atletas. Las musculosas de tiras finas sobre los hombros y los números en negro, gigantes, que indicaban el número de competidor.

“Mi meta es ganar una medalla olímpica con la bandera albiceleste flameando en lo más alto”. Sánchez empezó a entrenarse con mucha potencia. Tres horas por día: antes y después del trabajo. Los huecos libres estaban dedicados a perfeccionar su metodología. Porque quería ser el mejor deportista argentino.

Sus compañeros de trabajo conocían de memoria los recorridos mentales de ese atleta soñador que prometía traer el oro a su tierra. «No faltaba un solo día al entrenamiento», repetía su hermana Elvira Sánchez. A los pocos meses representaba al equipo de la institución para la que trabajaba, pero no se conformó. Los sueños de Miguel Sánchez empezaron a tener cada vez más hambre, por lo que decidió acercarse a Independiente, limó aquella mala experiencia en donde fue obligado a cambiar fútbol por trabajo, y se convirtió en un maratonista federado.

Su vocación de atleta, esa pertenencia furiosa, tenía comparación con una sola pasión que lo enamoraba todos los días: la política. Desde que había llegado al barrio de Berazategui militaba en una Unidad Básica de la Juventud Peronista.

Se preocupaba en demasía por mantener sus convicciones y solidarizarse con sus compañeros, aunque el tiempo fuera escaso. En Villa España, entre mates amargos y bombillas de plata, era querido y respetado bajo el apodo de Tucu.

Esa fuerza enérgica que absorbía en la militancia era volcada en sus poesías, otro amor incondicional de Miguel. En ellas expresaba su deseo de luchar por un mundo mejor, más justo para todos, desde la perspectiva de un adulto, pero con la dulzura e inocencia de un chico. Intentaba convencer en esos poemas sobre la importancia de luchar en sociedad.

Entrada la década del 70 en Argentina, el calendario de Miguel como deportista tenía un duelo crucial. Se presentaba la carrera de San Silvestre, en San Pablo, y quería estar a la altura. Partía en las mañanas de Berazategui para el Banco Provincia sobre los rieles del monótono, pero infalible, Ferrocarril Roca. “Del trabajo a casa. De casa al trabajo”. Compartía viaje con Rodolfo Fernández, amigo de militancia que trabajaba en la sede de Luz y Fuerza.

Conocía a rajatabla la expresión apasionada del Tucu: “Antes y después del trabajo, a correr por donde fuera”. Redució su actividad política al máximo por la competencia de San Silvestre, pero siguió aferrado a las convicciones del general Juan Domingo Perón y volvía a la unidad básica, cuando había tiempo, en busca de otro mate amargo y charlas acaloradas que buscaban igualdad.

Lo tenían preocupado algunos compañeros del barrio perteneciente a las líneas de la JP. Hacía tiempo que no se sabía nada de ellos. Miguel ya no estaba tan firme en la actividad barrial como algunos meses atrás. Porque intensificaba su trabajo, sentía que podía vengar un sueño, pero mostraba su costado solidario y se acercaba al lugar que tanto quería. Por eso no entendía la ausencia de esos amigos. Todavía era temprano para que sintiera el olor, la risa de las hienas. No se cuidaba la espalda.

El 8 de enero de 1978 seis hombres con el pelo corto, rapados en los costados, y vestidos con ropa deportiva, entraron a su casa en Berazategui. Cerca de las 3:30 lo secuestraron de manera muy violenta. Se lo llevaron en un Falcon verde, con vidrios polarizados. Esa madrugada, a sus 25 años, desapareció de Villa España.

Alberto Manso, ex detenido en el centro clandestino El Vesubio, contó algunos años después que había un deportista secuestrado que venía de competir en Brasil. Miguel Sánchez, que participó tres veces en la Corrida de San Silvestre, fue unos de los primeros deportistas argentinos desaparecidos.

Fue homenajeado en el mundo, y se convirtió en un símbolo de lucha en Argentina. El 17 de septiembre de 2014, bajo la ley 26990, se estableció que el 8 de enero sea el Día de La Memoria en el Deporte. Valerio Piccioni, periodista italiano, impulsó la organización de una competencia por la calles de Roma con el mismo nombre de su libro, La Carrera de Miguel.

En la primera edición, 9 de enero del 2000, los competidores llevaban una remera con la cara de Miguel, junto con una reproducción del poema Para Vos Atleta, escrito por él en 1977. En Tucumán, Berazategui y Bariloche se corre por él, desde la década del 2000, para no olvidar. Desde el año 2012 tiene su propia calle, que bordea al Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Cenard), suplantó a Crisólogo Larralde desde Avenida Del Libertador hasta Lugones.

Atleta, poeta y militante. Miguel Sánchez, «El Tucu», fue secuestrado una madrugada con plan fijo en su cabeza: volver tapado por la bandera Argentina, lleno de gloria, con la mejor de las medallas. Hoy… ¿Dónde sueña Miguelito? Porque esa cita con la cima sigue siendo la espera de un pueblo que desea verlo volver a él, y a muchos otros. “Podrán llevarse al hombre, pero no a la idea”.

Memoria, Verdad y Justicia para no olvidar jamás.