Martes 18 de Junio del 2019

Actualidad

Caminando la memoria, el valor del testimonio

24 | marzo | 2019
30 mil
Por Claudia Korol
En marzo la memoria camina. Sale a las calles con una multitud de ausencias que se hacen presentes para decir que no pudieron con ellas, que no pudieron con ellos. Porque son 30.000 fuegos que arden, gritan, llaman, nos conmueven. Son semillas de revoluciones que se han sembrado, siguen siendo raíz y frutos.
Tienen el poder de seguir creciendo. En sus hijos e hijas, en sus nietas y nietos, en sus madres, en sus hermanas y hermanos, en los familiares, pero sobre todo, en las compañeras y compañeros que siguen saliendo como Quijote y Sancho a desfacer entuertos, siguen saliendo como Norita y Mirta a abrazar cada resistencia en cualquier rincón del mundo, siguen saliendo también de modo anónimo y colectivo a buscar pibas desaparecidas por las redes de prostitución y trata, siguen saliendo por cada pibe asesinado por el gatillo fácil. Y se levantan, como el pueblo mapuche frente a Benetton o Lewis. Como todos los Fuentealba frente a los malos gobiernos.
30.000 semillas sembradas en los corazones del pueblo. No hay macrianos que puedan cortar sus flores. Porque no hay facho que dure cien años. Porque no hay rebeldía que no busque sus energías para regarse. Y también, porque una parte de esa generación que sobrevivió, sigue dando testimonio, no sólo del horror vivido, sino fundamentalmente de los sueños que ellas y ellos soñaron y que nos dejaron como legado.
Hoy queremos hablar de todas las Adriana Calvo, las Nilda Eloy, los Cachito Fuksman, las Silvia Suppo, los Julio López. También de quienes siguen andando esos caminos. María Laura, Sueco, Margarita, todas y todos los que siguen con las heridas abiertas trayendo a nuestros caminos la memoria rebelde, íntegra, ardiente, de las y los 30000. No es un acto nostálgico recordarlos y nombrarlas. Es reconocer en ellas y ellos un camino que enseña el valor del testimonio en la lucha contra la impunidad. Un aprendizaje imprescindible para los tiempos que corren, tan atravesados por nuevos crímenes de Estado. Crímenes Marielle, crímenes Berta, crímenes Luciano, crímenes Darío y Maxi.
Hubo un tiempo en que era muy difícil encontrar a un o una testigo de los crímenes que sufría nuestro pueblo. Porque los y las testigos viven amenazas, a veces una nueva muerte, y la permanente exposición de decir: yo vi, yo sé, a mí también me pasó, en los tribunales, frente a los medios de comunicación, en la familia, en la sociedad. Sin ellas y ellos, las posibilidades de justicia se caen como hojas secas. Si hoy tenemos genocidas presos, es por las grandes movilizaciones que protagonizamos, pero muy especialmente, es por la presencia firme de los y las compas dando testimonio una y otra vez, miles de veces.
Pedagogía del ejemplo. Abrazamos a las y los ex detenidos desaparecidos en su tarea gigante de renombrar a los y las 30.000. Queremos también decir unas palabras todavía para las mujeres que en las prisiones y en los campos de concentración, sufrieron la violencia sexual de los reventados, que se creyeron dueños de la vida y de la muerte. Costó mucho -lo sabemos- salir a denunciar esta trama perversa del control violento de los cuerpos. Pero al hacerlo, desencubren una trama más amplia que es la que atraviesa a cualquier mujer, lesbiana, trava, trans, cuando se encuentra con las fuerzas represivas. E incluso desencubren las tramas cotidianas de la violencia sexual, la cultura de la violación, que se ejerce en las casas, en las Iglesias, en las Universidades, en los centros de trabajo. Los cuerpos de las mujeres como botín de guerra, de los golpes de estado, de las invasiones, pero también del poder patriarcal en todas sus formas.
Hay un hilo fino que une la lucha contra la impunidad de los responsables de la dictadura, con la lucha contra todas las impunidades. El Nunca Más con el Ni Una Menos. Ese hilo va bordando nuestra conciencia de pueblo. Las y los tejedores son quienes sobreviviendo, sobrevivieron también a la tentación del olvido y el silencio. Ellas, ellos, con su gesto amoroso, siguen sembrando conciencia, rebeldía y revoluciones.