Lunes 22 de Julio del 2024

Deportes

Bauza, el Patón que pisa fuerte

3 | agosto | 2016

Paton

De lejos se lo ve tranquilo. Aún en las emociones que se suceden en partidos importantes —los que él está acostumbrado a dirigir—; entre los ánimos que se caldean y los tiempos que presionan. Pero Edgardo Bauza no es un técnico acostumbrado (como puede ser el caso, por poner alguno, del Cholo Simeone) a la efusividad dentro de la cancha. Por el contrario, siempre parece relajado al dar las indicaciones justas y necesarias. Su personalidad la reserva para las críticas a su estilo, apoyándose en los resultados como su principal defensa y en la claridad en sus conceptos, los mismos que le transmite a sus jugadores. Seriedad y convicción: ésas son las características del nuevo entrenador de la Selección Argentina.

La carrera como entrenador del Patón comenzó en 1998 y a partir de allí ha ido en crecimiento. En aquella oportunidad le tocó tomar el plantel profesional de su querido Rosario Central. Como jugador Canalla ya era un símbolo: fue su máximo goleador en la era profesional detrás de Mario Kempes, a pesar de ser defensor central. Como DT no podía ser menos, y aquel año fue subcampeón de la Copa Conmebol y año siguiente del Apertura 99, además de clasificar a las Libertadores 2000 y 2001 con jugadores como Pizzi y Pablo Vitamina Sánchez como abanderados. En esta última el auriazul llegó a semifinales por segunda vez —la anterior había sido en 1975 cuando las reglas de la competencia eran otras.

Después de dirigir en Vélez y Colón, pasando por un subcampeonato con Sporting Cristal, llegó al club que lo catapultó internacionalmente; Liga Universitaria de Quito. Con la conducción estelar de un ex Newell´s dentro del campo de juego, Damian Manso, se consagró campeón de la Serie A de 2007 y la Copa Libertadores 2008, siendo el único equipo ecuatoriano en conseguir el máximo título continental. Por la mínima diferencia perdió el Mundial de Clubes de ese año contra el Manchester United de Cristiano Ronaldo, y aún así no fue un mal partido; de hecho, el Piojo fue elegido como el mejor jugador del encuentro y Van Der Sar debió lucirse en varias oportunidades para mantener su arco invicto.

Un paso por el Al-Nassr de Arabia y una segunda etapa en Liga (en la que obtuvo una Recopa Sudamericana) precedieron su éxito en San Lorenzo de Almagro, al que llegó para la temporada 2013/14. Allí afirmó el equipo que llevó la Copa Libertadores de América a Boedo, con Gentilletti, Mercier y Matos como columna vertebral, acoplados a la infinita voluntad de Buffarini y Más, la habilidad e inteligencia de Romagnoli y Piatti y el vértigo de Correa y Villalba. Todos ellos siguiendo la estrategia de un director de orquesta de lujo —Néstor Ortigoza. Cuando todo ello no bastaba, el heroismo de Torrico aparecía en el momento justo. Sin duda, Bauza consiguió amalgamar estos elementos en un sistema perfecto.

Para el Mundial de clubes ante Real Madrid el plantel había perdido mucho: Gentilletti, Piatti y Correa fueron vendidos, Romagnoli y Cauteruccio llegaron con molestias físicas y Ortigoza y Matos lesionados. Tales inconvenientes persistieron en la temporada siguiente, entre la búsqueda de reemplazo para las bajas y los lastimados. De igual manera, peleó el campeonato de Primera División 2015 con el Boca hasta el final. Con su último club, San Pablo, llegó a la semifinal de la Libertadores, siendo eliminado por el Atlético Nacional campeón en un encuentro discutido.

Ahora, Bauza enfrenta un nuevo desafío. Probablemente el más importante de su carrera. Elogiado por sus jugadores y dirigentes, como profesional y como persona, sus resultados son más que suficientes para otorgarle la oportunidad. Su claridad, seriedad y convicciones futbolísticas, que lo colocaron como el hombre indicado, serán las armas para enderezar el rumbo de una selección que atraviesa la tormenta de la AFA y devolverla a lo más alto. Sólo el tiempo dirá si son suficientes para lograrlo.