Miércoles 21 de Noviembre del 2018

Internacionales

Editorial de Claudia Korol: Marrichiweu

13 | septiembre | 2018
marri
El estado racista que de este lado de la cordillera asesinó a Javier Chocobar, a Rafita, que asesina a Ismael, que desapareció y asesinó a Santiago por estar acompañando la lucha del pueblo mapuche, que extradita a Facundo Jones Huala, que niega la justicia para una niña qom violada por 8 machos “criollos”, que criminaliza a las mujeres y a los pueblos mapuche, wichi, qom, guaraní,en todos los rincones del territorio en donde previamente los arrinconó.
El estado racista que del otro lado de la cordillera asesinó a Matías Catrileo, a Alex Lemunao, a Macarena Valdes, y a otros muchos hermanos y hermanas mapuche, y mantiene a sus líderes y guías espirituales presos y presas por años, como lo hizo con la Machi Francisca, Patricia Troncoso y Juana Calfunao. El estado racista nacido con los tambores de guerra de la “conquista al desierto” acá y la “pacificación de la araucanía” allá, dos nombres que sintetizan el horror del fascismo colonizado y colonizador, es un estado que trae en el orillo, las marcas de cinco siglos de guerras contra los pueblos.
El racismo de Estado que se permite matar de hambre por la contaminación de las tierras, por la deforestación, por el saqueo de los bienes comunes, por la bala… la pura bala, ha impregnado también la cultura que se cree popular, y ha inoculado el virus en la sociedad, e incluso en los movimientos populares que permanecen en silencio ante estas violencias históricas, o se conforman con tibios comunicados.
El terrorismo del estado racista, que expulsa, reprime, criminaliza, discrimina, que mata a los pibes y pibas en los territorios urbanos a los que llegaron tiempo atrás sus familias, buscando un espacio para sus vidas, es continuidad de los muchos genocidios realizados por el capitalismo colonial y patriarcal en nuestro continente.
Fue el 11 de septiembre, cuando en muchas escuelas todavía se canta el himno al inspirador ideológico del exterminio de los pueblos indígenas reconociéndolo como maestro de maestros. Fue el 11 de septiembre, cuando en nuestros corazones late Chile como herida abierta, porque a los pocos genocidas que se logró llevar a la cárcel se los está liberando con un manto de piedad criminal. Fue el 11 de septiembre cuando extraditaron a Facundo, sin importarles nada. Lo extraditaron en ejercicio de un pacto realizado entre Bachelet y Macri cuando se reunieron el 27 de junio del año pasado en Santiago. El mismo día, el lonko fue detenido. El Plan Cóndor, sigue sobrevolando la cordillera.
El poder los quiere presos o muertos, y quiere libre los territorios para los Benetton, para la Forestal Arauco, para las transnacionales que se están comprando el país, o que se lo están quedando como si hubieran ganado la lotería con las elecciones que llevaron a la presidencia a sus socios y servidores. El estado racista, colonial, patriarcal, de los señores del poder, hace su trabajo sucio sin importarle las leyes, sino las trampas.
Es hora que hablen los pueblos. Es hora que volvamos a las calles, por todos y todas, por lo que nos arrancan cotidianamente, pero especialmente para exigir la libertad de los pueblos de la tierra, de la gente de la tierra, del mapuche que resiste con dignidad. Porque no cabe la complicidad con este nuevo genocidio. Porque no cabe callarnos y mirar a nuestro ombligo. Porque no cabe quedarnos estupefactas, estupefactos, mirando el crimen.
Las mujeres, que sabemos exigir por la vida y la libertad de nuestras hijas e hijos, de nuestros compañeros y compañeras, que sabemos salir a las calles a gritar ni una menos, que sabemos hacer largas colas en las cárceles para visitar a quienes el poder retiene como rehenes, hoy tenemos que dar el ejemplo, y en cada rincón de lucha gritar libertad para facundo, libertad para el pueblo mapuche. Mujeres de Chile y Argentina, tenemos la tarea de arrancar a cada preso y a cada presa de su lugar de encierro. Las feministas de Abya Yala, que en nuestros vuelos dinamitamos las fronteras, tenemos que poner en el centro de nuestras exigencias, la libertad de todas y todos, y el fin del genocidio.
Basta de racismo de estado. Basta de racismo en nuestras organizaciones. Libertad a Facundo Jones Huala y a todas y todos los presos. Justicia para Rafita y para Ismael. Justicia para los y las cuidadoras de la tierra.
¡Marrichiweu!