Miércoles 21 de Noviembre del 2018

Notas de interés

40 años de la Noche del Apagón. Los vuelos de Olga Aredez

29 | julio | 2016

ledesma

Por: Claudia Korol.

¿Por qué camina sola esa mujer?
¿Por qué esa danza de cada jueves en la plaza?
¿Por qué tan lejos de la Plaza de Mayo, en Libertador General San Martín, Olga sigue el ritmo de las Madres, de las locas, como si no existieran kilómetros de distancia entre ambos gestos?
¿Con quién se encuentra Olga cuando camina en la Plaza?
¿A quiénes busca en su andar?
¿Qué oscuridades evoca?
¿Qué fuegos enciende?
¿Quién dijo que está sola?
Hay una multitud que ahora camina sus pasos en el aniversario del Apagón.
Hay una bandada de compas que llegan de nidos lejanos, haciendo luz en la memoria.
Hay una siembra que florece entre los escombros del terror, para que nadie olvide.
¿Quién dijo que Olga anda sola?
Dicen que Olga caminaba con quienes habían luchado antes y con quienes lucharían después.
Dicen que para Olga el tiempo era una metáfora, donde la historia y los proyectos de futuro se viven en presente.
Dicen que Olga pudo ver más allá de la oscuridad impuesta por el ingenio de la muerte, y aprendió a volar en la noche cerrada.
Dicen que logró burlar las muchas muertes ordenadas por Blaquier.
Dicen que tuvo más ingenio que el ingenio.
Dicen que nadie puede desde entonces, interrumpir su vuelo.
Dicen que Olga aprendió a volar, cuando los vientos de tormenta soplaban muy fuerte en contra, y que desde entonces sobrevuela nuestros pesares, invitando a no quedarnos colgadas en las ramas.
Dicen que lxs niños y niñas que aprendieron a volar de pichones, jugando con Olga, ahora caminan, sueñan, vuelan, con la memoria en las alas.
Dicen que 40 años después el pueblo sigue en marcha.
Dicen los pueblos originarios del norte argentino, que ellos acompañan el vuelo de Olga, y de lxs pichones que crecieron con ella, desde su rebeldía de más de cinco siglos.
Dicen que Olga no camina sola. Que nunca estuvo sola. Que ella lo sabía.
Aprendiendo a volar. Memoria de las tormentas. Mujeres que escriben con sus huellas sobre la tierra que pisan, y con la luz de sus pasos. Porque no hay apagones que detengan la historia de los pueblos.
Aprendemos a volar, a contra viento, a contra mano, a contra olvido.
Porque llevamos Olgas en el corazón, y 30000 alas en la mirada.